Cercanía vs. Intimidad
Bendeciré al Señor, porque Él me guía, y en lo íntimo de mi ser me corrige por las noches.
Me propuse no leer ningún libro que no fuera parte del canon de los 66 libros que componen las Sagradas Escrituras (eso sonó súper proper) sin primero terminar la Biblia completa. El pasado año terminé de leer la Palabra de Dios (inserte confetti aquí). ¡Gloria sea al Señor! Ya comencé a leerla de nuevo, pero también comencé a leer un libro que habla, sobre todo, de intimidad con Dios y cómo ser íntimos. Así que ¡cómo no hablar de intimidad hoy!
Para mi sorpresa, ya el Señor venía guíandome por la misma dirección de muchas de las cosas que enseñaba el libro. Siempre el Espíritu Santo había puesto en mí ese deseo de intimidad. Además, de las palabras de aquel libro, el Señor me mostró mucho más allá. No descubrí la intimidad con Dios por medio de este libro, sino precisamente porque conocía de la intimidad fue que quise aprender más. Este manual fue una excelente herramienta para aprender más… y, claro, ponerlo en práctica. Sin hambre no podemos ser saciados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados. Mateo 5:6 LBLA
Los evangelios nos cuentan que Jesús estaba rodeado de inmensas multitudes. Incluso una vez la multitud fue contada, sobre cinco mil personas había allí cerca de Jesús. ¡Wow! Qué privilegio haberle visto encarnado, escuchar Su voz y verle cara a cara. Se imagina haber chocado con Él entre toda la multitud, sentir Su aroma. ¿Se puede imaginar? Ellos estuvieron cerca. ¿Crees que esto es suficiente?
Por otro lado, hay otro nivel de cercanía. Lejos de las multitudes Jesús les hablaba a sus discípulos. Allá les enseñaba, no por parábolas, sino claramente. Les dio autoridad, los envió y en Su nombre hicieron grandes cosas. Sanaron enfermos, libertaron endemoniados, grandes proezas. ¿Tremendo no? Haber visto y aprendido directamente del Maestro, la Palabra viviente. Vuelvo y digo: ¡Wow!
PERO, ¡hay más!
Aún dentro de los doce discípulos había tres que Jesús los llevaba para que le acompañaran a orar. Estos tuvieron la oportunidad de ver a Jesús transfigurado, ¡sí!. Imagínese ese momento sobrenatural de oración en el que, mientras Jesús oraba, su rostro resplandeció y sus ropas se hicieron más blancas y resplandecientes. Allí, estos tres vieron también a Moisés y a Elías, y no tan solo eso, también escucharon la voz del Padre —¡audiblemente!—. Aunque fue solo un momento, ellos también estuvieron cerca, muy cerca. ¿Cuántos quisieran haber estado allí? Como diríamos en casa, “uff, ¡brutal!”.
Pero, ¡HAY MÁS!
Todos ellos estuvieron cerca de Jesús, junto a Él. Recibiendo, escuchando, aprendiendo, viendo grandes hazañas. Pero ¿sabes qué? Aún cuando físicamente Jesús no está en medio nuestro, nosotros podríamos estar aún más cerca. Este nivel, más cercano que todos estos se llama la intimidad. Jesús tuvo seguidores, tuvo discípulos, tuvo discípulos separados… Pero al final del día solo había uno que, pegado a su pecho, escuchaba los latidos de Su corazón, sentía Su respiración. Ese fue el discípulo amado.
Es una decisión que debemos tomar: Si te basta con estar cerca para ser espectador, recibir algo o hacer grandes cosas en Su nombre o si anhelas algo más. Si eres de los que anhelas algo más, si tienes hambre por Dios, prepárate para ser saciado.
La naturaleza del Padre es dar. Nos dio la vida, nos dio misericordia, nos dio a Su Hijo… En general, los padres para felicitar a sus hijos por alguna buena nota, por algo bien hecho le hacen algún regalo. Imagínese nuestro Padre celestial. ¡Inténtalo! Ve a Su presencia sin pedir, solo a entregarle adoración simplemente porque Él es Digno, porque es Bueno. Inevitablemente, cuando Él se sienta complacido con tu adoración las bendiciones a tu vida fluirán. Proponte ser ese adorador que el Padre busca. Ese adorador que al final del día se acerque al Señor para complacerlo, solo para deleitarse en Su corazón. Procura ser ese adorador que no necesita pedir nada porque reconoce que en Él lo tiene todo.
Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Salmos 34:7 NTV
Muchos pueden acercarse. PERO, procura ser de los que permanecen junto a Él. La diferencia entre cercanía e intimidad es sencilla. Uno cercano dice ” a ver qué hará por mí”. Un íntimo dice “a ver qué haremos juntos”. Todos los días podemos acercarnos al Señor en intimidad, podemos VIVIR en intimidad… Buscarle a Él por Su persona, por quién es más allá de los beneficios que nos puede brindar. Intimidad con Él es mejor que cercanía, mucho mejor. Hay demasiados “cercanos”. Atrévete a ser íntimo.



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